Un desfile que todo lo enciende

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El San Juan Camagüeyano no es solo un desfile, es el permiso tácito de perder el paso cotidiano y dejarse llevar por el tambor
Un desfile que todo lo enciende

Por Diosmel Galano Oliver/Radio camagüey

Junio, 2025.- Cuando junio avanza y el calor arrecia Camagüey se sacude el letargo y entra en modo festivo. El desfile del San Juan, ese que baja por las calles anchas y viejas como un torrente de música y colores, es la cita que nadie se quiere perder.

Desde temprano familias enteras se asoman a las aceras con sillones y banquitos, en los portales de la Avenida de la Libertad reservan un buen lugar para ver pasar la algarabía.

Primero se escucha el retumbar de la conga, los cueros y los metales despiertan un temblor que sube desde los pies hasta la cintura. No importa la edad cuando la conga pasa, todos se contagian. Detrás vienen las comparsas, ataviadas con lentejuelas y penachos, moviéndose con la gracia que solo los ensayos y la tradición dan. Cada barrio se juega su prestigio en el ritmo y la fantasía.

Las carrozas son un mundo aparte. Iluminadas, exageradas, cuentan historias de barrio y de sueños. Niños sobre hombros apuntan con los dedos a las reinas que saludan desde lo alto, bañadas en confetis. Hay un orgullo secreto, casi infantil, en ver cómo la calle se convierte en escenario y cada uno se siente parte del espectáculo.

El San Juan Camagüeyano no es solo un desfile, es el permiso tácito de perder el paso cotidiano y dejarse llevar por los tambores. Un gusto heredado que pasa de generación en generación, como quien guarda una receta de familia.

Cuando la última comparsa se pierde al doblar la esquina, queda el eco de la fiesta y la promesa de volver la noche siguiente, porque en Camagüey, mientras exista el San Juan, siempre habrá motivo para soñar despiertos al ritmo de la conga.